El cantante explicó que, pese a formar parte de un grupo consolidado y con gran proyección internacional, sentía que no estaba en sintonía con su entorno: “Llevábamos varios años y yo siempre me sentí como mosco en leche”. Llane reconoció que siempre tuvo dificultades para encajar dentro de grupos, tanto familiares como profesionales, y que esto también se reflejaba en su comportamiento conflictivo: “Era muy peleadorsito”.
Relató que, aunque su relación con los demás integrantes de Piso 21 era cercana, surgieron tensiones derivadas de diferencias personales y de madurez: algunos de sus compañeros ya estaban casados y con hijos, mientras que él se encontraba en una etapa de búsqueda personal. Esta diferencia en etapas de vida generó sentimientos de frustración y celos que influyeron en su decisión de dejar la agrupación.
Llane señaló que la separación del grupo no fue una ruptura impulsiva, sino un proceso de autoconocimiento y evaluación de sus prioridades: “Un momento a otro, solté eso y me di cuenta que ya era momento de irme”. Su salida marcó el inicio de un proceso de reconstrucción emocional y espiritual que, según él, era necesario para reencontrarse consigo mismo y con su creatividad artística.
Salud mental y reconexión personal
El artista también compartió cómo su proceso de reconexión personal lo llevó a valorar la disciplina, la constancia y las pequeñas victorias diarias: “Antes esperaba que todo fuera rápido y fácil, pero entendí que reconstruirse lleva tiempo y que hay que ser paciente con uno mismo”. Este aprendizaje lo motivó a retomar su carrera como solista con una perspectiva más madura y consciente, enfocándose en su bienestar emocional y en la creación de música que refleje su verdadera identidad.